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JOSÉ MANUEL GONZÁLEZ MARTÍNEZ

EL BESO Y SUS MODALIDADES

EL BESO DE CINE

El beso de cine es el beso romántico por antonomasia, paradigma del beso apasionado, no obstante, el mito queda desmontado si se observan bien las imágenes de un beso en primer plano. El ardiente beso ficticio casi nunca es en la boca, parece que los actores tuviesen un extraño pudor y, aunque estén en pelotas, los besos los estampan en la barbilla. ¡En el cine todo es mentira! –dicen los viejos- De todos modos siempre nos quedarán los besos llenos de fuerza, virilidad y polvo de John Wayne. Ese tiarrón de casi dos metros que tomaba a las damiselas con abrazo de oso en celo. Yo siempre me preguntaba: ¿ Cuantas actrices habrán destrozado esos bíceps poderosos hasta grabar la escena? ¿Cuántas roturas costales se habrán producido y cuantas erosiones habrá infringido la lija de su barba? Las pobres chicas lo miraban con el cuello torcido, extasiadas y asustadas ante semejante hombre, temblorosas entre las manazas rudas que igual te dan un mamporro que te endosan seis tiros con su revólver semiautomático. Bien pensado peor lo tenían los caballos, pero eso es otra historia que ahora no hablamos de bienestar animal en el transporte.

De todos modos, hay que admitir –es de justicia- que no se puede incluir en el mismo saco a los besos de las películas porno. Aquí si que los besos con lengua son con lengua (¡y hasta que profundidad! ¡que variedad! ¡que profusión de saliva! (hay quien diría que en exceso) ¡que gran diversidad de posiciones labiales: besos en la boca, en las orejas, en los labios (tanto mayores como menores) en el ombligo, en el glande (y en el “pegqueño” en el menor de los casos)… Naturalmente en el porno también son fingidos y, desengañémonos, al final no se casan como en las películas normales.

EL OSCULO

La primera vez que leí que ósculo significaba beso me escandalicé. Me dije: ¡Qué guarrada! ¡que depravación y que todo! Luego, profundizando más, me di cuenta que ósculo no es un beso en el culo, como yo pensaba, que eso es el beso negro-no se por qué todo lo malo ha de ser negro- me imagino que este último –el negro- lo inventarían los griegos clásicos que siempre han sido muy amantes de la puerta trasera.

A mí me gusta clasificar a los besos por sus nacionalidades. Dejando a un lado al beso griego veamos otros ejemplos:

El beso francés –no confundir con el “francés a secas”- es el beso con lengua de toda la vida con sus distintas modalidades: beso de tornillo, beso ventosa, beso limpieza de caries, beso con pirsing lingual –este es un beso de extrema dificultad solo apto para profesionales, abstenerse los no iniciados y a los que recientemente han visitado al ortodentista-, beso mete y saca etc.

Es muy importante, en este tipo de besos, el tragar saliva “antes de” ya que si se hace “durante” o “después de” podemos producir un, nada erótico, charco que afea –en mi opinión- la belleza del momento. También hay que tener cuidado con los ruidos de succión y los inevitables acompañamientos manuales en busca de escotes y braguetas.

Al beso casto, por el contrario, yo lo llamo beso inglés. Son besos casi sin contacto, que se practica en la mejilla o en la mano. Dependiendo de la efusividad son sordos o sonoros. Son besos de saludo, protocolarios, de compromiso, sin pizca de sensualidad ni apego. También aquí podemos encontrar distintas modalidades: beso eléctrico –el que se estampa como un rayo diciendo: hay queda eso-, beso profiláctico –el que se dan las pijas para no estropear el maquillaje- de repetición –el que se dan los franceses que, tan abundantes ellos, dan tres en lugar de dos-, el cristiano –pongo mi otra mejilla-, el de Judas –te doy sólo uno pero me saco trece monedas-, el servil –le beso los pies o, lo que es peor, el culo-, el de esclavo –submodalidad del anterior adorado por sadomasoquistas en prácticas y que se adorna con profusión de cueros y fustas- beso cansino –muy frecuente en las fiestas de noche vieja sobre todo las muy concurridas-entre otros.

Es muy importante, en este tipo de besos, saber por que lado empezar, ya que sino se corre el riesgo de darse un coscorrón o, lo que sería más embarazoso, darlo en los labios. Este problema lo tienen resuelto los rusos; lo que nos lleva a una nueva modalidad nacional: beso ruso. Ellos –digo yo que será por el frío- se los dan todos en los morros. A nosotros nos da risa ver a esos altos dignatarios ex-sobiéticos, con sus pobladas cejas y sus mejillas rojo vodka, darse el lote con el Bush de turno, que, haciendo acopio de todo su lado femenino, soporta el enérgico y húmedo saludo sin inmutarse. Yo siempre he pensado que los de la KGB han utilizado el beso como arma bacteriológica de la guerra fría, ¡qué fácil es introducir una purulenta bacteria disfrazada de halitosis!

Naturalmente no podemos olvidarnos, y con esto termino, del beso esquimal que, como todo el mundo sabe, es un beso de narices. Y digo yo, ¿Cuántos mocos no se repartirán en el Polo con este método? Aunque bien mirado seguramente allí las mucosidades se congelarán al instante y así se mantiene muy bien la cadena del frío. De todos modos este beso está, como los Inuits, en vías de extinción ya que sus inventores están poco dispuestos a que les toquen las narices y prefieren cazar renos mientras haya y retozar en sus igloos hasta que los derrita el cambio climático.

 

1 comentario

Caro -

Falta el de mariposa!!!