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JOSÉ MANUEL GONZÁLEZ MARTÍNEZ

HOY ES MARTES

                          

            ¿Quién es ese imbécil  que me mira en el espejo? ¿Soy yo o una caricatura de lo que fui?  Me veo viejo, el pelo, que antes poblaba mi cabeza, se obstina en crecer en sitios equivocados: en las orejas, en la nariz, en las cejas (parezco a Bresnief) y en la espalda aun que no los vea.

            Los pelos de la barba me salen en tres colores: negros, pelirrojos y blancos.  ¡Y que duros son los puñeteros!  Nunca me ha gustado afeitarme, no sé si por vagancia o por lo mucho que me corto al hacerlo.  Empiezo siempre en la mejilla izquierda, luego la barbilla, donde más cuesta rasurar, la otra mejilla y termino siempre en el bigote.  Últimamente he tenido que incluir, y no me gustan los cambios, un recorrido por encima de la nariz donde me han salido nuevos pelos.  Los de las orejas no me atrevo a cortarlos; me he comprado un aparatito a pilas de esos que anuncian en la tele-tienda y promete maravillosas depilaciones en nariz, orejas, entrecejo y nuca, pero todavía no lo he desembalado.  Que cosa más curiosa: conforme pasa el tiempo, crece la nariz y las orejas mientras el resto del cuerpo mengua (si exceptuamos la barriga)

            Hoy es martes, así que me he puesto la camisa de cuadros azules, la que me da buena suerte.  No soy supersticioso, pero es que hoy es martes y los martes “ni te cases ni te embarques”.  Salgo de casa teniendo cuidado de hacerlo con el pie derecho, no soy supersticioso, pero es que hoy es martes y los martes… La calle está desierta y nadie me ve escupir en los registros del agua corriente.  Tengo que acertar de lleno, por lo menos, en diez de ellos y solo hay catorce hasta la parada del bus, así que tengo poco margen de error.  La cosa va bien, ya he acertado a nueve y me quedan aún tres registros.  Misión cumplida, el día está salvado.

            Subo al bus, el conductor lleva bigote.  No me gustan los conductores con bigote así que me bajo al instante, que hoy es martes y no hay que tentar a la suerte.  Viene otro autobús, lo conduce un extranjero, pero no hay rastro de bigote.  No hay asientos libres en el lado derecho, me quedo de pie ¿habré fallado alguna diana?  En la calle hay aparcados doscientos once coches –número primo, que como todo el mundo sabe da buena suerte- por lo tanto me bajo en la siguiente parada aunque estoy a tres manzanas de mi destino.

            En el primer semáforo, me paso a la acera de la izquierda, allí la sombra, a esta hora, se proyecta de izquierda a derecha como a mí me gusta.  El paso de cebra tiene un número impar de líneas blancas, cuidado de no pisar fuera de ellas.  La acera es nueva, el enlosado brilla con la luz de la mañana.  A esta hora no encontraré mendigos, no me gustan los mendigos.  En la puerta de la oficina de empleo hay un macetero enorme, lo han pintado de verde, mala cosa, a mí no me gusta el verde, da mala suerte y sobre todo los martes.  El corazón me late con fuerza, para colmo hay una escalera cerca de la esquina, mis piernas se niegan a seguir, me paro en seco.  ¿Y si en la oficina hay un mendigo? ¿Y si lleva bigote? ¿Y si lleva un número de pelos que no es un número primo?  ¿Y si va vestido de verde? ¿Y si me dan empleo?

            Me vuelvo, empiezo a caminar desandando lo andado, comienzo con el pie derecho, mañana será otro día, que hoy es martes…

 

PINA 16 de febrero de 2006

JOSÉ MANUEL GONZÁLEZ

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